ANÉCDOTAS / HISTORIAS

EL CRIMEN DEL SIGLO

A comienzos del año 1974, Supertramp estaba al borde de la disolución. Pese a que en sus orígenes el grupo había arrancado con todas las expectativas a favor, puesto que la cooperación musical de dos talentos de primer orden como Rick Davies y Roger Hodgson nunca podría resultar mal, los dos primeros álbumes editados por la superbanda habían sido dos fracasos de venta descomunales y se suponía que el sello A&M inglés no tenía ningún interés en un tercer disco del grupo.

“No es que, sólo, tomara LSD (recuerda Roger Hodgson en una entrevista publicada por el diario El Mundo de España) En aquellos días estaba en mí época mística. Vegetariano, practicante de yoga y de la meditación. Simplemente, quería irme a la India y abandonar este mundo cruel. Pero Rick y yo tuvimos una reunión definitiva y decidimos que todavía nos quedaba una bala en la recámara. Tomamos la decisión de vender nuestro equipo de carretera y ponernos a componer y grabar maquetas. Rick ya había escrito ‘Bloody well right’ y yo había compuesto ‘School’ y ‘Dreamer'”.

Pero para que el cambio tuviera alguna perspectiva de éxito debería ser mucho más radical. Los dos compositores decidieron que debían modificar la integración del grupo casi en su totalidad. Esta era su última chance y no la podían desaprovechar. Primero invitaron al bajista Dougie Thompson, un escocés de renombre que aparte de ser buen músico aportaba su buena onda. El propio Douggie, al ver que la cosa venía en serio, se acordó del carismático saxofonista de su viejo grupo,John Anthony Helliwell y lo propuso como posible nuevo integrante. El grupo quedaría maravillosamente cerrado con la incorporación del gran batería de Los Angeles, Bob Siebenberger, que reacio en un primer instante a integrarse al nuevo ‘supergrupo’, se convenció cuando escuchó las formidables canciones que ya habían comenzado a grabar Roger y Rick.

Así nació la formación más famosa y recordada de esta superbanda.

Pero, ¿que iba a pasar con A&M? ¿La compañía les daría la posibilidad de solventar una nueva grabación? La providencia estuvo de la mano de Supertramp. El ejecutivo Derek Green, recientemente incorporado a la megaempresa, era uno de los pocos fanáticos de Supertramp que existían en aquella época. Así que con dinero fresco de un pequeño adelanto de la compañía, músicos, esposas, novias, perros y gatos se instalaron en un pequeña granja en Southcombre, en Somerset, por la que pagaban 20 libras esterlinas a la semana. Allí se gestó uno de los discos más importantes de la década del 70.

Pero algo estaba faltando, ¿Quién se haría cargo del sonido? La compañía le propuso al gran Ken Scott que asumiera el rol de ingeniero y productor de esta nueva experiencia musical. Si bien al principio se negó, tras escuchar los primeros demos accedió de mala manera. Como cuenta en su libro de memorias “The lógical Web”, “Me negaba en rotundo a grabar y producir a Supertramp en mi estudio Trident, en Londres. Para mi sólo era un grupito con dos tremendos fracasos.” Y más adelante agrega: “Rick y Roger de alguna manera me recordaban a como se picaban John Lennon y Paul Mc Cartney, en mis días, cuando grabé a los Beatles durante el álbum blanco y ‘Abbey Road’ para ver quien componía la mejor canción.” Desde ese momento, Ken se convirtió en el mismísimo arquitecto del sonido de uno de los más maravillosos discos que se hayan compuesto jamás.

Pero los problemas no se habían terminado. Cuando al disco aún le faltaban algunas semanas para culminar con la grabación, los directivos de la discográfica les comunican que ya no continuarían financiando el proyecto. Que se había quintuplicado el presupuesto original y no estaban dispuestos a seguir invirtiendo en un grupo con tan malos antecedentes. Ante la desesperación deciden invitar personalmente a Jerry Moss, es decir, la ‘M’ de A&M Records, quien se presentó un día en el estudio y escuchó las versiones de ‘Dreamer’ y ‘Crime of the Century’ que ya habían grabado. Le gustaron mucho y decidió dar carta blanca para que pudieran finalizar el proyecto.

Cuando culminaba la grabación se decidió que la última canción sea la que diera nombre al álbum: “Crime of the Century”. Es uno de los temas más épicos y progresivos de la banda, sobre todo desde la mitad de la canción hasta el final. En esta canción se puede ver cómo cada músico derrocha talento y energía en cada nota que emiten en la grabación, dejando un muy buen sabor de boca acabado el álbum.

En definitiva, Crime of the Century, es un gran disco y una de las cumbres del rock progresivo de los setenta, que sin duda ha trascendido al tiempo, siendo hoy una gran influencia para muchos grupos y músicos de la actualidad (tanto el disco como la banda).

En el reportaje antes mencionado, Roger comenta sobre este disco: “Estoy más que orgulloso del álbum. Han pasado cuarenta años, pero está más vivo que nunca. Es verdad que ‘Breakfast in America’ fue el disco de más éxito de Supertramp, pero para mí, ‘Crime of the century’ sigue siendo el mejor, el único, el divino”.

Ya casi hacia el final de la conversación, le preguntan si es posible que algún día Rick y él se pongan a dialogar, a volver a tocar juntos y resucitar a Supertamp. Roger fue tajante: “Jamás, absolutamente imposible. Olvídate. No se puede hablar o razonar con Rick. Es un hombre muy cerrado en sí mismo. Jamás habrá una reunión. Jamás habrá un nuevo disco de Supertramp.”

A mi humilde entender, este es el verdadero crímen del siglo.

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