RESEÑAS DE

DOCUMENTALES Y PELICULAS

En el año 2008, el director de cine, productor televisivo y documentalista Davis Guggenheim consigue reunir a tres grandísimos guitarristas, representantes de tres generaciones diferentes, para que nos relaten sus experiencias, sus influencias y su especial relación con su amado instrumento musical.

Si bien se presenta como una idea en principio sencilla, no debe haber sido una tarea fácil reunir en un viejo galpón a Jimmy Page, el mítico guitarrista de Led Zeppelin, una de las mejores bandas de la historia, junto a The Edge de la famosísima banda irlandesa U2 y al entonces joven Jack White de la no tan conocida The White Stripes.

Y repito que no debe haber sido fácil de hacer este documental puesto que juntar a tres personalidades tan importantes y lograr que se calmaran sus egos para simplemente hablar sobre lo que mejor saben hacer no es tarea sencilla. Para lograrlo, es necesario que al mando de tan interesante proyecto se encuentre un viejo lobo de mar, alguien con la piel curtida en estas lides, y es allí donde destaca Guggenheim, único cineasta en publicar tres documentales que entraran al top 100 de los documentales más taquilleros de todos los tiempos, entre ellos, el que hoy nos ocupa.

Pero entonces, ¿de qué trata el documental? Simplemente de música. De buena música. Tres guitarristas virtuosos nos cuentas sus inicios, sus sueños, sus gustos y hasta se animan a zapar juntos algunos de sus temas más conocidos.

Otro efecto que podría tener este documental  es el darnos cuenta de que, así algunos nos consideremos músicos, hay otro nivel al cual sólo se llega si tan solo se vive para la música. Hay algo que comparten White, Page, y The Edge y es el sacrificio, la perseverancia y el verdadero amor por la música.

Es un viaje al pasado de cada uno de ellos, a sus orígenes, a lo que querían ser y, por otro lado, lo que no querían copiar. Y así podemos apreciar la emoción de Page al regresar al lugar donde compuso Escalera al Cielo, visualizar a un joven The Edge en una Irlanda convulsionada y violenta o ver sangrar los dedos de White mientras interpreta un solo hipnotizante.

Un pequeño detalle que puede resumir todo lo que estamos comentando. Hay personas privilegiadas que solo viven para y por la música. Son una elite, una casta, son unos pocos elegidos de entre muchos que han dedicado su vida a cultivar la interpretación y que han sido reconocidos por ello. Pero dentro de esta casta, hay algunos que sobresalen, se destacan y pasan a formar parte del panteón de héroes o semidioses al cual muy pocos pueden acceder. Y si no entienden a qué me refiero, solo vean a White y The Edge cuando Jimmy Page está tocando “Whole Lotta Love” de Led Zeppelin. Entenderán. Lo garantizo.

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