ANÉCDOTAS / HISTORIAS

Phil Collins, George Harrison y las congas

Extraído del libro “Aún no estoy muerto”, autobiografía de Phil Collins.

El 25 de febrero de 1943 nacía uno de los mejores músicos que ha dado el rock británico, George Harrison. Durante su fascinante trayectoria musical destacan los casi diez años de crecimiento junto a The Beatles, más de tres décadas en solitario así como también su participación en la súper banda Traveling Wilburys. Ndie discute que entre sus obras cúlmine figure el álbum triple “All Things Must Pass” editado en 1970, el cual se relaciona directamente con la historia que contamos hoy.

Harrison es conocido como el integrante más reservado y místico de los Fab Four, sin embargo también tenía gran sentido del humor, como lo refleja una anécdota que nos relata el baterista y cantante de Genesis, Phil Collins, la cual vale la pena revivir para darnos una idea de la personalidad de este gran guitarrista.

La conexión de Collins con The Beatles se remonta a 1964, cuando fue contratado como extra en su primera película, “A Hard Day’s Night” (1964). En ese entonces el futuro multiganador del Grammy tenía tan solo sólo 13 años, y pasó todo el día con adolescentes a los que se les ordenó gritar a toda velocidad durante la culminante escena del concierto televisivo, sin embargo, su purismo musical le jugó en contra.

Querían niños que gritaran, y yo simplemente me quedé quieto, lo que probablemente es la razón por la que me cortaron de la película”, nos relata el cantante en su libro “Aún no estoy muerto”. “Recuerdo haber pensado: ‘Por el amor de Dios, ¿pueden dejar de gritar? ¡Déjenme escuchar la música!’”.

Pero la historia que hoy nos convoca no es esa. Resulta ser que en 1970, habiendo ya cumplido los 19 años, a través del chófer de Ringo, consigue que lo acepten para participar de las sesiones de grabación del disco “All Things Must Pass”, el primer álbum solista de George Harrison, producido por Phil Spector en los famosos estudios Abey Road. Para el joven baterista esta oportunidad significaba tocar el cielo con las manos, y si bien no le permitieron ni siquiera acercarse a la batería (bajo el dominio absoluto de Ringo) sí le ofrecieron tocar las tumbadoras en un par de temas.

Esperó ansioso la aparición del disco y cuenta que fue uno de los primeros en ir a comprarlo emocionado a la disquería del barrio. Grande fue su decepción al no verse en el listado de músicos colaboradores, puesto que en la edición final del disco no aparece su participación como percusionista. Había sido borrado.

Esta situación lo traumó durante el resto de su carrera. Se preguntaba ¿por qué lo habían sacado? ¿Tan mal había tocado? Con el paso de los años y a través de otro amigo (El Corredor de Formula 1 Jacky Steward) llega a conocer a George Harrison personalmente. Cada vez que lo veía le preguntaba porqué no aparecían sus tumbadoras en el disco. Si era por un cambio de criterio o por una cuestión musical. Pero nunca obtenía ninguna respuesta concreta, tan solo una vez, Harrison, luego de 20 años de grabado el disco, le confesó que no recordaba de que hubiera participado Phil en esa grabación. Había pasado desapercibido.

Semanas después de esta charla y sin previo aviso, recibe en su casa un sobre remitido por Harrison que contenía una cintas de grabación. No lo podía creer, era su participación en el famoso disco. Igual que un niño abriendo los regalos navideños, Collins se encaramó sobre la consola de grabación que tiene en su casa y conecta la vieja cinta. Pero cuando escucha las grabaciones siente que sus piernas se le aflojan. Algo estaba mal. No podía ser cierto. La sangre lentamente abandonó su cuerpo y él se quedó allí, sentado, inmóvil, con sus auriculares en los oídos mostrando la triste verdad: Las tumbadoras eran un asco. Sonaban espantosas, fuera de ritmo. Según sus propias palabras “parecía como si un adolescente hiperquinético las estuviera tocando”. Pero lo peor aún no había llegado. Cuando termina de sonar la música se escucha claramente la voz de Harrison diciendo “Hagámoslo de nuevo pero que alguien se lleve al chico de las congas”. Ahora sabía porque lo habían sacado del disco. Porque su participación había sido lamentable.

Esta revelación lo llevó a una profunda depresión.

Una semana después recibe un llamado telefónico de George Harrison quien le pregunta si había escuchado las grabaciones. Al contestar que si y lo mucho que le habían avergonzado, el otro estalla en carcajadas.

Todo se trataba de una broma que había pergeñado Harrison, contando con la colaboración de su amigo el famoso percusionista Ray Cooper, quien se había divertido grabando unas tumbadoras alocadas y superponiéndolas a la grabación del disco.

En el año 2001 sale a la venta una nueva versión del disco al cumplirse los 30 años de su edición. Allí George agrega que si bien él no lo recuerda, aparentemente habría participado en las sesiones de grabación un adolescente llamado Phil Collins.

Phil concluye el capítulo de su libro diciendo: “Aún tengo esa cómica cinta con la grabación de las congas. Es uno de mis tesoros. Brindo por vos, George… maravilloso cabronazo.”

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